30 de julio de 2017

Imaginación sin límites y pesadillas.

Esta historia no sucedió ayer, tampoco hace un año ni hace diez.
A decir verdad no sé cuando sucedió exactamente.
Sólo sé que los niños pedían cuentos antes de dormir porque querían evitar las pesadillas.
Pero nunca jamás pudieron (ni podrán) evitar las pesadillas por mucho que quieran.

Los seres humanos siempre hemos tenido mucha imaginación pero, en algún momento inconcreto de la historia de la humanidad, alguien decidió que había una edad límite. Había una edad límite para tener imaginación y empezó la diferenciación entre "niños" y "adultos": los "niños" no tenían límites, los "adultos" tenían que aguantarse y dejar de imaginar a lo loco todo tipo de criaturas.
Los "adultos" encerraron a dragones, a centauros, a cerdos voladores en lo que comenzaron a denominar "fantasía" (que pasó a ser antónimo de "realidad").
Los niños se perdían, hacían muchas preguntas y, generación tras generación, supieron y entendieron que sirenas, brujas y conejos parlantes no formaban ya parte de su vida diaria. Pero, como ante todas las normas, aparecieron niños que las desobedecían, aparecieron niños rebeldes que se dieron cuenta de que dragones, centauros, cerdos voladores, conejos parlantes, brujas, sirenas y demás eran ciertamente reales.
Algunos "adultos", los más poderosos, lo vieron y decidieron hacer algo al respecto.
Antes de seguir, sé que me queréis preguntar: ¿por qué esos adultos hicieron algo? ¿Y los adolescentes?
Bueno, antes de todo, los adolescentes antes no existían. Simplemente eran niños que, un día, fuera por la circunstancia que fuera, tenían que volverse adultos y dejar de "fantasear". Y esos adultos tomaron medidas por ello, porque la gente "fantaseaba", según los adultos, demasiado.
En cuanto a las circunstancias anteriormente mencionadas, hay una explicación.
Veréis: siempre hay un padre que desaparece o un hermano loco irresponsable y quien piensa en duendes del fuego, en serpientes bailongas y leprechauns al final de los arcoíris no puede hacer el trabajo de ese hermano o ese padre. O trabajas o juegas con duendes, serpientes y leprechauns.
Y el mundo (antes y ahora) necesitaba personas que trabajaran mientras los niños fantaseaban para que los humanos no nos extinguiésemos. 
Volviendo al tema de antes: los "adultos" entonces crearon los "cuentos". Los cuentos eran historias donde encerraron a todos esos seres (bueno, los seres "fantásticos" seguían existiendo pero como los niños y los otros adultos escuchaban cuentos sobre ellos, los asociaban con "meramente cuentos" y creían, aunque les vieran con sus propios ojos, que sólo eran eso: sólo cuentos).
Los niños estuvieron confusos desde la llegada de los cuentos. Se hallaban realmente confusos. Su imaginación no encontraba vía de escape: todo aquello en  lo que ellos creían, los adultos decían que eran "cuentos" y su imaginación creó lo peor que pudo haber creado en la historia. Creó las pesadillas.
Las pesadillas nacieron en niños y adultos, la propia naturaleza humana elaboró una represalia por convertir parte de realidad en "fantasías" (los dragones, las sirenas, los hipogrifos, etc. ya eran impuestos como "seres no reales").
Fue el caos.
Pero los niños rebeldes (porque siempre ha habido quien se saltara las normas) pedían cuentos a los adultos porque pensaron que tal vez eso neutralizara sus pesadillas.
Porque sus pesadillas son las peores: su imaginación aún no tiene límites, su imaginación aún no entendía que entre "cuento" y "realidad" se había establecido una ficticia diferencia abismal.

14 de julio de 2017

Un cuento sobre la amistad y los besos.

Todo comenzó en una época muy turbia para el ser humano: nadie diferenciaba sus sentimientos de amistad y sentimientos amorosos. Era una época en la que tampoco se podía escuchar “Me gustas” o “Eres mi mejor amiga” (o amigo). Tampoco había nadie que se planteara la diferencia entre ambos sentimientos, las personas besaban a las personas y las personas dormían y quedaban con las personas.
Simplemente eran personas.
Pero, como antes mencioné, hubo un momento en el que algo comenzó. Una niña, sí, una niña (algo mayor para ser denominada “niña” y algo joven para ser denominada “señora”) inició un cambio.
Vivía en un pueblo muy alejado de las ciudades de grandes luces y muchedumbres chillonas. Un día de aquella semana decidió con otra chica irse de acampada (a unos pocos metros de la casa de sus padres, pero era en medio del monte al fin y al cabo). Olvidaron la tienda de campaña y durmieron mirando las estrellas.
A la mañana siguiente, la niña habló con la chica:
-Nunca jamás habría vivido este momento con otra persona que no fueras tú.
-Yo tampoco- respondió la chica.
Aquel día se besaron.
Cuando volvieron a su pueblo, a la chica se le escapó en la plaza delante de la niña:
-Me gustas mucho.
El ajetreo que montaron los habitantes no fue ni mucho menos parecido al que montaron cuando la niña le dijo aquella tarde a su vecino:
-¿Sabes? Creo que eres mi mejor amigo.
Los habitantes del pueblo y de los pueblos vecinos pusieron patas arriba su vida intentando entender la diferencia entre “Me gustas” y “Eres mi mejor amigo”.
Nadie tenía ninguna respuesta a todas las preguntas que surgían. Entonces a alguien se le ocurrió: preguntar a la chica y a la niña. Fueron todos entonces a preguntarles pero ninguna parecía tampoco tener una respuesta clara sobre el tema.
-Supongo que está dentro. -Respondió una.
-Es un sentimiento diferente. Yo no quiero besar a mi vecino -continuó la niña-. Pero sí quiero besarla a ella -señaló a la chica.
La gente siguió sin entender nada, hasta que un día, una tarde de verano, un chico besó a otra chica (no la protagonista antes mencionada, era otra, ésta era rubia). Reconoció que le gustaba y que quería besarla y que no quería besar a su amigo Sebastián porque era sólo su amigo pero ella (la rubia) era más especial.
Los habitantes se preguntaron si serían los besos los que establecían la diferencia entre amistad y “gustar”, hasta que un día un transeúnte oyó a dos hombres en un dormitorio decirse que se gustaban.
Fue toda una locura: ¿eran los besos o dormir juntos… o qué era?
La chica y la niña, el chico y la joven rubia y los dos hombres fueron los inicios de besos y noches de dormir juntos y juntas (o no dormir) que finalizaban en "Me gustas", "Te quiero", noviazgos y matrimonios (también hubo "desamores", claro). Los habitantes de los pueblos comenzaron a ir de la mano con quienes “les gustaban” y a abrazar a sus amigos, la diferenciación entre amistad y amor empezaba a quedar marcada.
Aún la gente se sigue preguntando si así comenzó realmente todo. Pero no, todo comenzó mucho antes... pero antes no se distinguían los besos de amistad y de “gustar” (aunque, cuando la gente no se quería separar de quienes besaban, se sabía que había algo diferente porque las personas reconocían que “sentían algo diferente, algo más intenso”). Nunca se conocerá el verdadero origen de toda esta locura de “gustar” y amistad, no hay por qué mentir, pero sí se puede aseverar que hay una diferencia.
Los amigos reconocieron que no querían besar ni dormir con sus amigos y las personas que “se gustaban” reconocieron que no había nada que necesitaran más que el contacto de la otra persona (incluyeron besos, abrazos, cosquillas en los brazos y cabezas apoyadas en sus tripas mientras la otra persona se dormía tranquilamente).
(Y por cierto, si algún curioso se lo pregunta, la niña y la chica fueron novias, al igual que lo fueron el chico y la joven rubia y los dos hombres.

1 de junio de 2017

Número primo.

Realmente no sabía qué hacía ahí. (Qué hacía ahí ella, no yo.)
Más tarde me confesó que me vio sobre el piano, con un lazo precioso al cuello que ya podían llevar otras personas que no fueran yo y no les quedaría tan bien. Mi pelo estaba enredado en un moño y llevaba un vestido blanco brillante. El lazo que marcaba mi cintura era del color de los girasoles (que siempre consideró feos) con la luz de las seis y media de la mañana de julio.
Ella aún no sabía que esa mañana yo había estado paseando por el jardín. Por algún motivo pensé en que la venganza tal vez no fuera la opción correcta mirando una flor rosa.
Vi unos pequeños destellos de luz entre las hierbas y me acerqué más a ellos. Salió una lagartija naranja con pajarita y me miró atentamente. Por algún motivo eso no me pareció raro.
-¿Qué miras? Tú no deberías estar aquí -me espetó enfadada.
-Perdona, pero estaba dando un paseo, me molestas.
-No te perdono.
Iba a seguir lo que prometía ser una interesante conversación con la lagartija cuando una diminuta mujer salió de entre las flores rosas que me recordaban a la venganza, que no era buena opción.
-Necesitamos cochero -gritaba desesperadamente mirando a la lagartija.
Tardó apenas tres gritos en darse cuenta de que yo estaba allí, me miró con los ojos muy abiertos, se asustó de mí y se fue volando. Sí, "volando" porque volaba con unas alitas que emergían de su espalda.
-Genial, la has espantado -bufó la lagartija y fue tras ella.
Cuando intenté contárselo a mi hermano antes de irme con Alex me tomó por loca.
Cuando se lo conté a Alex, ella sí, ella me creyó.
Más tarde me confesó que, cuando se lo conté después de esa clase de ballet me brillaban los ojos y se enamoró más de mí ese día. Se enamoró más de mí y, cito textualmente, "más si es que se puede". Yo, francamente, creo que le gustó mucho más el lazo de mi cuello y la historia con la lagartija y el hada.

26 de enero de 2017

Papel de pared (otra vez).

Era mi momento favorito del día porque la luz a estas horas flota suave en el aire, es azul y cálida a la vez. No falta y no sobra.
Y estaba él. Y estaba yo. Y empezó a arrancar el papel de pared.
  No le gusta la poesía.
Sigue arrancando.
  Le gusta la poesía. 
Sigue arrancando.
  Ha visto la película. 
Sigue.
  Vio la película por su culpa. 
Sigue.
 Le gusta leer. 
Sigue.
  También le gusta leer.
Sigue.
  Es inteligente. 
Sigue.
  Puede que también lo sea. 
-Aquí no pone nada sobre mí.
-No es culpa mía -respondí.
-AQUÍ NO PONE NADA SOBRE MÍ.
-No es culpa mía -repetí.
-¡¡AQUÍ... NO HAY NADA... SOBRE MÍ!!
-No es culpa mía.
-AH, ¿NO?
-No es culpa mía que me quieras y me quieras mal y yo no te quiera.

29 de septiembre de 2016

Acceso libre hasta completar el aforo.

Unas luces me desorientan: me dan directamente en la cara. La ovación del público, decenas de personas sentadas ocupando la sala, estalla en mis oídos, me aplauden y gritan mi nombre.
Me tiembla el cuerpo y recuerdo la última vez que estuve aquí arriba. Pero ahora las cosas son diferentes, no hay nadie detrás mío. Estoy yo. Sólo yo (y esas luces tan molestas).
Ya no estás tú. Ya no me controlas, ya no me manipulas, ya no decides qué sale de mi boca, ya no decides a dónde voy, cuál es mi sitio o con quién voy y con quién no. No sujetas mis hilos, tu mano no está hendida en mi espalda. He dejado de sentirme un cacho de madera vestido que empleas como quieres, he dejado de depender de ti.
Soy autosuficiente.
Me cubro los ojos y sonrío al público.
-Hola -saludo.
Mi presentación comienza.
Siento que nunca antes había hablado con toda esta gente sentada que me observa. Casi me duele la boca de lo raro que me resulta comentar cosas. Mi cuerpo baila y se menea solo, desconocía esta soltura porque pensaba que la madera era dura... aunque ahora me he dado cuenta de lo hábil que puedo ser, de que no soy un rígido palo tallado.
Algunas personas de la primera fila me sonríen y suben al escenario conmigo de repente. Improviso nuevos diálogos y juegos que no hacen más que divertirnos a todos.
Inesperadamente, algunos de las filas del medio y de las últimas saltan y corren hacia el escenario. También suben ellos y sigo improvisando; cuando estabas conmigo, no supe que existía la opción de que la gente se acercara a mí. Imaginaba que sólo estaría yo en el escenario, sin más compañía que tú y las luces, y las personas simplemente nos mirarían y hablarían contigo al finalizar la obra para felicitarte por tu talento.
Después de mi espectáculo (que parece que gustó mucho) he recibido invitaciones a eventos, me han llamado para conocer otros escenarios y otras luces cegadoras. Con el tiempo aprendí que a ti también te invitaban a nuevos espectáculos y diversas fiestas. Decidías entonces dejarme en un sillón, cogiendo polvo toda la noche, y volvías a sacarme a la calle cuando querías llevarme contigo a algún lado, como una partícula más de ti.
He aprendido que yo me puedo ocupar de que nada de esto vuelva a pasar.
Suena surrealista que una marioneta, un arlequín como yo, pueda ponerse en pie por sí mismo y dirigir su propio show. Pero así es, mi querido marionetista, mi titiritero.
Se ha acabado tu espectáculo, el escenario ahora es mío. Las luces me enfocan a mí, sólo a mí.

29 de mayo de 2016

Mi papel de pared.

Has desgarrado el papel de la pared. Has cogido mis libros, los has recortado y los has destrozado. 
No sólo has destrozado mi arte sino que también has destrozado mi casa. 
Y ahora, con tu maleta y tu gorro de lana, te presentas ante mí como si nada pasara. Porque, bueno, para ti, no ha pasado nada. Siempre te comportas como si no hubiera pasado nada. 
-¿Quieres azúcar en el café?
Asiento. 
No entiendo cómo lo haces. 
Si te vas de la lengua, te perdono. Si te pasas conmigo, te perdono. Y luego actuamos como si nada hubiese pasado, como si el calendario no tuviera ese día en el que empeoraste las cosas. 
Y yo, que soy como un molino de viento, no digo nada y te dejo pensar que todo sigue igual, te dejo pensar que me he molestado por otra cosa. 
-Imagínate que me das la taza de café medio vacía. 
Así te dejo pensar las cosas.
Ríes.
-Nunca haría eso -dices. 
-Sin embargo, ya no tengo papel de pared. 
-Ya, sí, espero que se pase. Dale tiempo. Todo se arreglará.
Has estado por las calles, perdiendo tu tiempo, apropiándote de la noche como si fuera eterna. Has cogido mi tiempo y lo has dejado pasar sin valorar un mero segundo. Como si siempre tuviera tiempo para ti. 
Tampoco puedo decir gran cosa: me comporto como si siempre tuviera tiempo para ti.
Pero esto es demasiado. 
Mi papel no se va a arreglar solo. 
Ni mis libros. 
Ni yo.
-Tampoco tengo libros. 
-Ya, también eso se arreglará. Dale tiempo. -Repites.
La verdad es que no. 
La verdad es que estas cosas no se solucionan solas. 
Dejo el café en la mesa.
Y te miro. Te miro mal.
Eres mi O'Brien era[s mi] amigo, [mi] torturador, [mi] protector(...).
 -¿Por qué no me atacas a mí directamente? Adelante. Por favor. -Te pido.

23 de febrero de 2016

You can.

You can be
the ghost in my home.
You can be
the voices in my head.
You can be
who awakes me.
You can be
who doesn't let me sleep.
You can be
my love.
You can keep
my feets on the ground.
You can bring
my head from the clouds.
And you can
if you want to.
But you don't want to.
And I'm happy
because you don't want to do
these thing.
Thank you.
With all my heart.

Imaginación sin límites y pesadillas.

Esta historia no sucedió ayer, tampoco hace un año ni hace diez. A decir verdad no sé cuando sucedió exactamente. Sólo sé que los niños pe...