12 de noviembre de 2014

No miento. Eso nunca.

Nunca diré que no me doy pena a mí misma.
No confío en nadie.
Ni me veo capaz de hacerlo.
Terminaré cortando mis venas para que la sangre hable y que las flores crezcan.
Sólo estoy con personas físicas para pasar el rato.
Creed que no engaño a nadie si digo que, de ser posible para mi enloquecida mente, viviría de las voces grabadas, de los instrumentos que crean melodías, de palabras quemadas impresas en páginas.

Pero creo que sería bonito que fuera capaz de confiar en alguien.

Imaginación sin límites y pesadillas.

Esta historia no sucedió ayer, tampoco hace un año ni hace diez. A decir verdad no sé cuando sucedió exactamente. Sólo sé que los niños pe...