23 de febrero de 2015

Eh, mente, relájate. Gracias.

Otra noche más que añadir a mi lista de veladas despierta sin un ápice de sueño.
Y me levantaré mañana con las mismas ojeras que ayer, pero habrán duplicado su tamaño.
Sorprendentemente, he vuelto a llorar con Hold on till may intentando calmarme, sonando bajito y escondiendo la caratula del disco tras mi vista borrosa (todo es culpa de las lágrimas) (y de este mundo de humanos, pero eso ya es otro tema).
A lo que voy es que debería aprovechar todas estas horas sin luz natural en las que mi cuerpo no quiere descansar para escribirle una bonita carta de sugerencias a mi mente. Le explicaría que mis oídos van a empezar a sangrar porque pongo el volumen en los cascos demasiado alto, para acallar cualquier sonido que no sea la voz rasgada de un hombre gritando.
Duele, pero es efectivo, ¿sabéis?
El caso es que, si las voces ceden y bajan el volumen, yo bajaré el volumen de mi música y mis oídos dejarán de pagarlo tan caro.

Un saludo cordial.

Imaginación sin límites y pesadillas.

Esta historia no sucedió ayer, tampoco hace un año ni hace diez. A decir verdad no sé cuando sucedió exactamente. Sólo sé que los niños pe...